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" Cultivo del Viñedo "

Junio

" Cultivo del Melón "

Junio "Cultivo del Melón"

EL CULTIVO DEL MELÓN.

El melón, es un cultivo que ha pasado de ser un “cultivo de complemento” en explotaciones de viñedo y olivar en la zona de La Mancha, a ocupar parcelas exclusivamente dedicadas a él. Hasta hace aproximadamente 20-30 años era frecuente la siembra de esta hortícola entre las calles de los viñedos y olivares con la finalidad de obtener un aporte económico extra en dichas parcelas. En estas épocas, las redes comerciales de estos productos estaban limitadas a los corredores y a la venta que cada agricultor realizaba por su cuenta bien directamente en sus propias casas o por medio de sus propios vehículos en las poblaciones cercanas.

En la actualidad existen grandes Cooperativas y Centros de comercialización, manipulación y distribución de estos productos con destino tanto a Mercados Centrales, grandes superficies y comercios especializados. Estas Cooperativas o centros de comercialización reciben el producto y gestionan su venta con el objeto de que el productor obtenga un óptimo rendimiento económico y evitar su desamparo de cara a las grandes cadenas de comercialización y especuladores.

El cultivo que nos ocupa tiene el atractivo de resultar muy productivo en un corto período de tiempo, su cultivo suele ocupar de cuatro a seis meses, y requerir unas condiciones climatológicas, edáficas y de insolación para las cuales nuestra zona es idónea, pero también sufre grandes fluctuaciones en el precio de mercado en función de la intensidad de la oferta y calidad de los productos.

La industria productora de semillas de melón es una de las más especializadas y diversificadas reflejándose en la constante aparición en el mercado de nuevas variedades y clones que van mejorando continuamente y responden a la necesidad que existe por parte de los agricultores de obtener cultivos que se adapten a las características específicas de sus suelos y climatología, presenten mayor resistencia a determinadas plagas y enfermedades endémicas, sean más productivas y mejoren las cualidades de los frutos tanto en lo referente a calidad gustativa, cualidades organolépticas, resistencia y durabilidad del fruto en cámaras de conservación y almacenes, etc.

Todo ello influye en el aumento de precios tanto de semillas como de producción de plantas en semilleros para su posterior trasplante a los campos de cultivo. Estos gastos iniciales, se ven incrementados con los derivados de la preparación del terreno, instalación de sistemas de riego y fertirrigación, materiales plásticos para la protección del cultivo y unas elevadas necesidades de mano de obra.

Para amortizar dichos gastos y conseguir un óptimo rendimiento de sus cultivos de cara a obtener una posición privilegiada en la venta de sus productos, el agricultor necesita obtener una producción de calidad con un elevado rendimiento, tanto en las épocas en las que el precio de mercado se encuentra elevado como en épocas de exceso de oferta en las cuales solo podrán subsistir los productos de mayor calidad.

La única forma de obtener calidad y rendimiento en las cosechas es con adecuada aportación de nutrientes a la planta y un adecuado manejo en el riego.

El sistema de riego mas generalizado en este cultivo es el “goteo”, este sistema, como todos conocemos, permite un gran ahorro de agua, una mejor utilización de esta por parte de la planta y el suelo, evita los lavados de nutrientes que se producían en los anteriores sistemas de riego y, punto muy importante, facilita la aportación de nutrientes por medio del riego, “fertirrigación”, permitiendo una mejor absorción de estos por parte de la planta y una reducción importante en las cantidades de abonos empleados.

Como hemos dicho, se ha evolucionado cambiando el sistema de abonado, en un principio este se realizaba únicamente con la aportación de basuras o estiércoles de origen animal. Posteriormente se dio un paso muy importante con la aportación de abonos químicos tanto en fondo como en cobertera. La tendencia actual es a realizar un abonado de fondo con abonos orgánicos y, durante el cultivo, realizar el abonado restante en función de las necesidades puntuales de las plantas, dependiendo del estado fenológico en el que se encuentre, por medio del riego, “fertirrigación”, o abonados foliares, estos últimos especialmente de microelementos.

Dada la tendencia de los sistemas de abonado actuales, el agricultor en muchos casos puede estar realizando unas inversiones en fertilizantes que, aún con la correcta intención de mejorar el rendimiento, muchas veces es errónea y solamente consigue aumentar los gastos del cultivo y provocar desequilibrios en las plantas y el suelo, con consecuencias, a veces, muy negativas en la adecuada vegetación.

En la actualidad existen interesantes publicaciones derivadas de estudios realizados por centros de investigación sobre las necesidades nutricionales del melón en función de los diferentes estadios de crecimiento y sus distintos estados fenológicos. Estudios muy completos, concienzudos y que son una herramienta fundamental para los técnicos y profesionales del sector hortícola. Pero los resultados de dichos estudios serán siempre válidos al cien por cien para cultivos cuyos suelos se encuentren en perfecto equilibrio, con idéntica climatología y pertenecientes a las mismas variedades objeto de dichos estudios. Por lo tanto, en diferentes circunstancias, las conclusiones emitidas en las publicaciones se deberán utilizar de forma orientativa, realizando sobre ellas las correcciones que correspondan a niveles de nutrientes en planta y suelo, climatología usual de la zona de cultivo, características climatológicas del periodo vegetativo en que nos encontremos y variedad de planta y sistema de cultivo.

Para realizar las correcciones a dichas “necesidades medias de abonado”, unas herramientas fundamentales son los análisis de suelo, nemátodos y foliares:

Análisis de suelos:

Por medio de estos análisis conoceremos la textura y composición del suelo, su reacción química, los distintos niveles de nutrientes, los equilibrios existentes entre ellos y los posibles riesgos de bloqueos de nutrientes.

Por ello es necesaria su realización antes de iniciar las labores de preparación del terreno.

Análisis de nemátodos:

Al realizar este análisis, descartamos la posibilidad de sufrir un ataque de estas plagas, cuyos daños sobre el desarrollo y producción de nuestros cultivos puede llegar a ser desastrosa si no se conoce y se realizan los trabajos de desinfección necesarios.

Análisis foliares:

En muchas ocasiones la composición del suelo no repercute adecuadamente sobre el estado nutritivo de la planta, por lo que es necesario realizar análisis foliares de esta para conocer que los niveles de macro y microelementos de la planta y los equilibrios entre nutrientes, y con esta información, comparándolo con los resultados del suelo, poder realizar las correcciones necesarias en el abonado para un mejor desarrollo de los cultivos y un óptimo rendimiento de las cosechas.