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- "Cultivo del Viñedo"

EL CULTIVO DEL VIÑEDO EN LA ACTUALIDAD.

A lo largo de todo el Siglo XX y lo que llevamos del XXI, el viñedo en España, ha sufrido grandes e importantes cambios, tanto en la forma de realizarlo como en la “importación” de variedades de unas zonas vitícolas a otras, no solo de forma interregional, sino internacional.

Las nuevas técnicas de cultivo, con un mayor forzado de las plantas si nos referimos a la espaldera y una más pronta entrada en producción, así como un mayor rendimiento fructífero de las mismas, provocan la extracción de unos niveles cada ved mayores de nutrientes desde el suelo hacia la planta.

En los últimos años están apareciendo graves problemas en los viñedos españoles (nuestro país no es el único en sufrir dichos problemas, estos se encuentran generalizados en las zonas vitícolas de todo el planeta). Dichos problemas están originados por diversas causas, entre las que se encuentran:

- La elección del portainjerto-variedad por parte del agricultor sin tener en cuenta, por un lado la compatibilidad de ambos biontes, y por otro, la adecuación del portainjerto elegido a las características del suelo y sistema de cultivo. Con frecuencia se realizan análisis de suelos, pero no se tienen en cuenta todos los parámetros determinados y que nos limitan a la hora de dicha elección (como son pH, Conductividad Eléctrica, Niveles de Carbonatos, Caliza Activa, sistemas de regadío o secano, etc.).

- La forma y fechas en las que se realiza la conducción del cultivo. En este caso nos encontramos con nuevas plantaciones que se forman en un solo periodo vegetativo sin que la planta se encuentre preparada para soportar dicho forzado, así como por el afán de muchos propietarios por conseguir un pronta y muy abundante cosecha, dando lugar, en el peor de los casos, a la muerte de las plantas si dichos sistemas de cultivo no van acompañados de un constante control nutricional y sanitario de la plantación.

- El tercero de los casos viene provocado por la elevada incidencia que están teniendo las enfermedades de origen fúngico en las nuevas plantaciones, ya sean enfermedades de todos conocidas (Yesca y Eutipiosis), o nuevas enfermedades de muy fácil propagación dado en intenso tráfico de planta que está teniendo lugar en este último decenio con motivo de la reestructuración y modificación de los viñedos tradicionales.

En la actualidad, el sistema de riego utilizado en el viñedo, en las zonas de cultivo en las que está autorizado su uso, es el “goteo”, este sistema permite un gran ahorro de agua, una mejor utilización de esta por parte de la planta y el suelo, evita los lavados de nutrientes del suelo que se producían en los anteriores sistemas de riego y, punto muy importante, facilita la aplicación de abonos por medio del riego, “fertirrigación”, permitiendo una mejor absorción de nutrientes por parte de la planta y una reducción importante en las cantidades de abonos utilizados, así como la disponibilidad de la planta de los nutrientes que requiere en cada fase de desarrollo sin tener un exceso de estos en los momentos iniciales del ciclo vegetativo y carencias en fases de crecimiento y formación de frutos.

Dada la tendencia de los sistemas de abonado actuales, el agricultor en muchos casos puede estar realizando unas inversiones en fertilizantes que, aún con la intención de mejorar el rendimiento de su viñedo, muchas veces es errónea y solamente consigue aumentar los gastos de cultivo y provocar desequilibrios en las plantas y el suelo, con consecuencias, a veces, muy negativas en la adecuada vegetación.

El viñedo es un cultivo cuyo producto final (vinos, alcoholes vínicos y mostos), tienen un amplio mercado a la vez que unos cada vez mas educados consumidores en la cultura del vino, por todo ello, existen grandes especialistas e investigadores que han publicado interesantes estudios sobre las necesidades nutricionales del viñedo en función de los diferentes estadios de crecimiento y sus distintos estados fenológicos. Estudios muy completos, concienzudos y que son una herramienta fundamental para los técnicos y profesionales del sector. Pero los resultados de dichos estudios serán siempre válidos al cien por cien para cultivos cuyos suelos se encuentren en perfecto equilibrio, con idéntica climatología y pertenecientes a las mismas variedades objeto de dichos estudios. Por lo tanto, en diferentes circunstancias, las conclusiones emitidas en las publicaciones se deberán utilizar de forma orientativa, realizando sobre ellas las correcciones que correspondan a niveles de nutrientes en planta y suelo, climatología usual de la zona de cultivo, características climatológicas del periodo vegetativo en que nos encontremos y variedad de planta y sistema de cultivo.

Para realizar las correcciones a dichas “necesidades medias de abonado”, unas herramientas fundamentales son los análisis de suelo y foliares.


Análisis de suelos:

Por medio de estos análisis conoceremos la textura y composición del suelo, su reacción química, los distintos niveles de nutrientes, los equilibrios existentes entre ellos y los posibles riesgos de bloqueos de nutrientes.

Así mismo están indicados estos análisis para determinar el tipo de portainjerto indicado para nuestra explotación.


Análisis foliares:

En muchas ocasiones la composición del suelo no repercute adecuadamente sobre el estado nutritivo de la planta, por lo que es necesario realizar análisis foliares de esta para conocer que los niveles de macro y microelementos de la planta y los equilibrios entre nutrientes, y con esta información, comparándolo con los resultados del suelo, poder realizar las correcciones necesarias en el abonado para un mejor desarrollo de los viñedos y un óptimo rendimiento de las cosechas.

Los análisis foliares se deben realizar cuando los niveles de los diferentes nutrientes se encuentren estables. Esta circunstancia se da en dos estados fisiológicos:

- Tras el Cuajado de los frutos, momento en el que actuamos sobre la planta para corregir deficiencias y prepararla para un adecuado desarrollo de frutos.

- En el momento del Envero, en este estado fisiológico, se realizan dos tipos de análisis foliar en función de la parte de hoja a utilizar:

o Análisis de foliolos y pecíolos conjuntamente para determinar el abonado a realizar de cara al próximo período vegetativo teniendo en cuenta las extracciones realizadas por la planta.

o Análisis de pecíolos para conocer la futura composición de los frutos y poder corregir determinados parámetros que depreciarían la calidad de estos.


Por otra parte, las producciones del viñedo en la actualidad son bastante elevadas, pero no se encuentran acompañadas de la calidad necesaria del fruto. Pues de todos es conocido los problemas que suceden en bodega en el momento de la elaboración, estos problemas vienen derivados de los altos contenidos en potasio, exceso de azúcares, bajos niveles de acidez o la recepción de cosecha con podredumbres.

En la composición de los frutos actúan diferentes variables como son el sistema de cultivo, la composición y reacción química de los abonos utilizados, la las temperaturas medias, máximas y mínimas de la zona, los niveles de humedad atmosférica, los sistemas de riego empleados, su frecuencia y cantidad, la composición del suelo de la explotación, y la variedad de vid y la edad de las plantas.

Conociendo las variables descritas en el párrafo anterior, podemos llevar un control de la composición de nuestros frutos mediante la realización de análisis tanto a los frutos como a los pecíolos (de estos últimos análisis ya hemos hablado anteriormente).


Parámetros a determinar en el análisis de la uva:

º Baumé: Nos indica la cantidad de azúcares que tienen las uvas, base para su transformación en alcohol.

Acidez total: Nos informa de la cantidad total de los ácidos que tienen las uvas. Estos niveles tienden a disminuir a lo largo de la madurez de la cosecha y una elevada acidez nos comporta caldos de escasa calidad.

Ácido Tartárico: Componente de la uva que juega un papel muy importante en la fermentación, especialmente en la fermentación Tumultuosa.

Ácido Málico: Componente de la uva que se transforma en Ácido Láctico en la fermentación Malo-Láctica y que si no se encuentra en los niveles adecuados no tendrá lugar.

Antocianos: Son los componentes que proporcionan el color a los caldos.

Polifenoles o

Compuestos

Fenólicos: Componentes limitantes en la calidad de los mostos de cara a una buena calidad en los vinos.

pH: Índice de alcalinidad o acidez de los mostos.

Concentración de

Potasio: Si nos encontramos con un exceso de este elemento en el mosto, tendremos un º Baumé y un pH engañoso. En la elaboración del vino tendremos problemas con las calidades de los caldos resultantes.

Estado sanitario

(Ácido glucólico): Nos indica si la cosecha se encuentra afectada por enfermedades que producen podredumbres y con las que tendremos problemas en la fermentación de los mostos y calidades de los caldos resultantes.


Estas determinaciones se realizan en dos fases:


Primer análisis de fruto (Se realizará a MEDIO ENVERO):

- pH

- Acidez (total y volátil)

- Azúcares


El segundo análisis de fruto se realizará 10 días después del MEDIO ENVERO:

Análisis de fruto básico:

- Índice de polifenoles.

- pH.

- Concentración de K+.

- º Baumé.

- Acidez. (Total y Volátil).

- Estado sanitario. (Ácido glucólico).


Análisis de fruto completo:

- Índice de polifenoles.

- pH.

- Concentración de K+.

- º Baumé.

- Acidez. (Total y Volátil).

- Estado sanitario. (Ácido glucólico).

- Antocianos.

- Ácido Tartárico. (Total y Fácilmente extraíble).

- Ácido Málico. (Total y Fácilmente extraíble).

- Ácido Láctico. (Total y Fácilmente extraíble). (No es representativo)